Los Provincianos

Alarcón, Daniel. Los Provincianos. Lima: Solar, 2013.
Por Carlos Villacorta Gonzales
Originalmente publicado en: http://letras.s5.com/cvil151013.html

Aparecido originalmente en el número 118 de la Revista Granta (2012), Los Provincianos (o “The Provincials” en inglés) es el último libro publicado en Perú de Daniel Alarcón. Esta novela corta (o cuento largo) continúa explorando un tema ya común en su obra: el problema generacional entre padres e hijos. O en otras palabras, los problemas que yacen al interior de toda familia. Y es que en la literatura de Alarcón, las relaciones interfamiliares están siempre resquebradas al punto que lo que se busca (o más bien lo que inesperadamente sucede) es un nuevo equilibrio.

Desde la aparición de su primer libro de cuentos Guerra a la luz de las velas (2005), Alarcón ha ido tejiendo lentamente esa zona gris que es la subjetividad familiar: los lazos que unen a los distintos miembros de una familia. Por ejemplo, en su cuento más celebrado “Ciudad de Payasos” encontramos la difícil situación que tiene que encarar Óscar tras la muerte de su padre: después de su fallecimiento, el joven se entera que su padre tiene otra familia. Esto lo lleva a un viaje por la memoria para entender quién era él: un hombre que vino desde la provincia (Pasco) al distrito de San Juan de Lurigancho, en la capital, en busca de oportunidades; que se casó con su madre siendo jóvenes; que se dedicó a la construcción, a ser gasfitero, cerrajero, carpintero, soldador y, también, ladrón de casas. Al mismo tiempo, esto lo lleva a tratar de entender quién es él, el hijo producto de esta pareja que vivía en un engaño. Por este motivo, es interesante la forma cómo Alarcón resuelve el dilema que vive Óscar. En una reunión final, tanto su madre como la amante de su padre se reconcilian: “Ellas habían discutido ya los pormenores de sus desengaños paralelos: quién había estado con él cuándo, quién había estado con él primero, quién era inocente, quién era culpable. Y ambas lo habían perdonado, eso era lo más asombroso de todo” (75).

Son los problemas de la generación de los padres, son ellos los que deben resolverlo parece decir Alarcón. Igualmente, la recomposición familiar es el tema de fondo de su segundo libro, la novela Radio Ciudad Perdida (2007), donde la familia rota por la guerra se reconstruye a partir de sus escombros. Mientras se va narrando en paralelo la historia de Ray, el joven revolucionario que muere a manos de los soldados en un río de la selva, vamos leyendo la historia de su prometida Norma, una joven que desde la radio se encarga de un programa de busca personas y que se enfrenta al difícil reto de cuidar a Víctor, el hijo de Ray con otra mujer y otra víctima más de la guerra. Las historias familiares no terminan sino que buscan nuevas formas en su tercer libro El rey siempre está por encima del pueblo (2009). La muerte del padre se vuelve a instalar, irónicamente, en la figura del dictador asesinado y colgado en la plaza principal en el cuento que da nombre a toda la colección.

Sin embargo, es importante llamar la atención sobre los hijos, aquellos que, sin saber cómo, se ven dentro de este drama familiar en donde, muchas veces, no pueden resolver el problema de los padres. Todo lo contrario, en buena parte de su narrativa, los hijos sienten que viven en una suerte de guión ya escrito, de una historia que no es la suya, que se les ha sido impuesta y de la que sólo les queda aceptar el rol que les toca. Es el caso, por ejemplo, de Oscar quien se convierte literalmente en un payaso; de Norma; o de Nelson, el narrador de “Los Provincianos”.

En el último libro de Alarcón, el joven Nelson deja la ciudad y viaja al sur, hacia la provincia junto con su padre. El motivo: finiquitar los detalles de la herencia después de la muerte del tío abuelo Raúl. El viaje a la provincia le permite a Nelson ir viendo distintos matices de la realidad del país: los pueblos se vuelven menos coloridos, el paisaje se torna desértico, las playas antes abiertas al público en general ahora son residencias privadas para los ricos y la corrupción, “la única forma de comercio que había prosperado durante la guerra” (15), siguen siendo la misma o es incluso peor.

“Los provincianos” es un viaje que busca conectar los tres tiempos conocidos: el pasado del tío abuelo muerto y el de la juventud del padre (la provincia); el futuro representado en Francisco, el hermano de Nelson que vive en Estados Unidos; y el presente de Nelson en la capital. El espacio de la provincia sirve como articulador y centro de la historia en la medida en que sirve para que se produzca el encuentro entre distintas generaciones y clases sociales. Por ejemplo, el padre de Nelson tiene que lidiar con sus viejos compañeros quienes se sienten traicionados cuando éste se fue a la capital para mejorar su situación económica. Lo interesante es, nuevamente, cómo el hijo, Nelson, lidia con esta situación que no comprende completamente. Enfrentado al melodrama de la vida, donde todo el mundo parece un tener rol predeterminado, Nelson decide asumir uno: se hace pasar por su hermano, aquel joven que a saber de todos es exitoso porque vive en otro país y es dueño de su propio negocio.

“‘Todo es una actuación, ¿no? ¿De eso se trata la vida?’ Estaba improvisando. ‘Hay que decir las líneas como si de verdad las creyeras’” (33), dice Nelson. Y Alarcón lo sabe muy bien. La afectación con la que se comportan los personajes radica en no asumir su rol o guión plenamente. Al contar la historia como si fuera el guión de alguna telenovela o serie televisiva, Alarcón hace evidente la farsa del enfrentamiento entre los provincianos y los nuevos capitalinos. En este sentido, “Los provincianos” replantea la relación centro/periferia, capital/provincia al poner en evidencia que tal división es mucho más compleja de lo que pensamos. Dice Nelson en un momento: “Debo dejar algo en claro: lo que importa nunca son las palabras, sino la forma en que se dice” (53). Esa afectación de las relaciones intersubjetivas es la que “Los provincianos” plantea con la sencillez, complejidad y elegancia de un gran relato.

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