Ahora tal vez La muerte no sea una bella palabra

Dolores Morales de Santiváñez (Selección de Poesía 1975- 2005)                           Roger Santiváñez                                                                                                                       Lima: Hipocampo editores & Asalto al cielo.                                                                        2006. 258 pp.

Publicado originalmente en: Intermezzo Tropical 4
Año 4, número 4
Julio 2006

Dolores Morales de Santiváñez no es la obra completa del poeta peruano Roger Santiváñez, sino una selección que abarca los últimos 30 años (1975-2005). En esta edición conjunta entre Hipocampo Editores y Asalto al cielo, se reune una ajustada selección de los dos primeros libros del poeta: Antes de la Muerte (1979) y Homenaje para iniciados (1984); así mismo  trae completa los siguientes libros  El chico que se declaraba con la mirada (1988), Symbol (1991), CorCordium (1995), Santa María (2001) y Eucaristía (2004). La misma edición trae además dos secciones titulados Poemas no recogidos en libros y Poemas encontrados.

La poesía de Santiváñez recorre las calles de Lima, vagabundea por Plaza de Armas y el Bar Cordano, y se detiene a conversar en la Plaza San Francisco. Pero su poesía no solo le canta a la capital sino a su ciudad natal y a la nostalgia por un lugar que, en nombre de la modernidad, se ha olvidado de sus hijos: “Qué pensaré, oh qué diré a esta hora / mi antigua y soleada aldea ya no me reconoce” (Soledades, 31). En ese mismo primer poemario, Santiváñez nos dice: “Nuestros padres vinieron de lejos / atravesaron valles, arenales, sembríos rezumando a caña / limpias praderas de arroz, puentes de metálicos / y por fin se establecieron en el desierto más vasto que encontraron / Habían abandonado la metrópoli, el silencio de los dioses” (Las persianas, 18).

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Estos poemas que empiezan retratando espacios muy específicos nacen de una preocupación por la misma palabra. Santiváñez sabe que usar el lenguaje no es solo encontrar el placer de la belleza, sino también el dolor que en ella se encuentra. La experimentación en búsqueda de la palabra se nota desde sus primeros libros, tal vez más marcadamente desde Homenaje para iniciados, en el que el primer poema “Conversación con mi padre en su lecho de enfermo” nos revela el conflicto de nombrar con el lenguaje lo trágico: “Ahora tal vez la muerte no sea una bella palabra”. Al mismo tiempo, la búsqueda de la expresión poética se encuentra íntimamente ligada al erotismo: “Cómo escribirte el poema / que te ajuste tanto perfectamente” (Cómo escribirte el poema, 45).

Todo esto nos lleva al tercer libro del poeta donde el regreso a la adolescencia enciende un texto que, por su disposición, se presenta como una narración. En este libro, se muestra que la poesía no tiene por qué someterse a una estructura fija ni estar atada a convencionalismos, sino más bien a la fuerza de sus propios versos : “Tengo 16 años. Pienso en Toña. Pienso en tu sexo. Vallejo. México. Estudio en el Colegio San Ignacio de Loyola. Masturbación. Soy un solitario. Soy un asesino en potencia. Stephen Hero. Muerte. Quiero escribir una Canción” (3, 61). Esa canción empieza en “Symbol” y llega hasta su último libro “Eucaristía”.

Toda una caja de sorpresas son las dos secciones finales donde se recogen poemas que nunca aparecieron en algún libro del poeta y otros poemas encontrados en el archivo personal del poeta Armando Arteaga. De esa parte se encuentran verdaderas joyas de la poesía de Santiváñez como su canto a “Lima” aparecido en La Sagrada Familia allá por el remoto 1978. O sino su polifónico “Reyes en el caos” o el suicido de “Primera Muerte”: “Esta tarde / frente a mi viejo algarrobo donde a veces / lloro mi desdicha o me alegro el corazón / con las soñas y los chilados diré déjame / algarrobo tu sombra para que yo pueda / colgarme tranquilo y ya no me digan / serrano y me verá Roger Santivañez / a los 12 años y 13 años después él cantará / con la soledad que yo le entregué / esa noche de verano cuando me vio ahorcado / y en la arena aún correteaban / las iguanas” (204).

Caminando a galope entre la ciudad, la tan mentada modernidad, la denuncia social, el ímpetu adolescente, la selección de poesía de Roger Santiváñez demuestra una vez más la saludable vigencia de la poesía peruana de los últimos tiempos.

Poemas:

CONVERSACIÓN CON MI PADRE EN SU LECHO DE ENFERMO

Ahora tal vez la muerte no sea una bella palabra.
Tus ojos negros me miran, se aferran suavemente
a un hilo de vida, al silencio de tus labios
en el que leo mi nombre pronunciado con amor y
una flecha de soledad disparada al mundo,
a esta hora de la tarde en que me encuentro
solo contigo y comprendo que el oxígeno,
el suero, las agujas rompiendo tus dulces venas
son también los días reunidos
en que paseábamos bajo los algarrobos frente
al Mercado Viejo, una manzana de sol dorando
la belleza de tus gentes/ Piura
Viento de la seis besa el corazón de Aníbal
como el besó la tierra caliente, llámalo
hacia la vida, recuérdale a las muchachas
cuerpo – cántaro de agua fresca, dile que tú
has superado todos los controles del hospital
haciendo el amor a enfermeras irascibles
y que ahora estás acariciando su cabello lacio
aunque él no pueda darse cuenta y duerma dominado
por la fiebre y la diabetes / ¿Cómo habrá pasado
la noche? En este último verso del poema
sé que parto al hospital y voy a reemplazar al viento.

ESCRITO EN LA OFICINA

Para escribir un poema
sentado en la oficina
Qué hacer
revisando archivos, fichas, soledades
de papel membretado y pelikanol

“Sí, Buenos Días”
“De parte de quién?”
Canción que fue a perderse
por los hilos telefónicos, aullido de perro
en la vecindad

Esto es para llorrar
y no hay ningún consuelo
entre papeles quemados en mi memoria
y tableteo de metralletas en las zonas liberadas

La canción queda varada por las innombradas
calles, por las innombradas y silenciosas avenidas
iluminadas amplias autopistas en la noche neón
y mercurio sombras de neblina rocío de los
cuerpos en el frío y la aproximación de la
madrugada
Oh qué hacer
Los buses cansados se pierden en la distancia
y no hay nada que se parezca a la vida ni
a la muerte nada que merezca ser
recordado ni escrito ni cantado
entonces qué canto aquí en mi canto
sino el vacío de las paginas en blanco
los próximos poemas un juego inútil sensitivo
para tocar como el viento urbano
la falda de las muchachas
y ya no habrá manera de recordar un amor
de estampar el silencio en la mañana de Junio
diosa de la belleza
de los deseos y las apariencias inesperadas

el tableteo de las máquinas calculadoras
obsede mi suave esparcimiento solitario
el olor a tinta fresca en la pituitaria
me recuerda mi nombre mi oficio
mi silencio de fiera repentina
pero
quién será qué será
en estos días cuello de botella

la ciudad es una concha gigantesca la bahía
un mar que la golpea sin misericordia ni
crueldad
y yo la veo caminar bajo los arboles
hacia la cita con su amante
compacto el frío en las casacas ajustadas
pero qué sola se ve una flor
en su maceta
entre 2 muros y el parquet
de nada para nadie en el hueco del amor
la flor se tiende sobre mí
y acaricia la sombra de luz
en las baldosas y se deja remecer
por el aire tibio que acaso llega
desde dónde no sé
sino que al salir me esperan
las amplias avenidas silenciosas con semáforos
y soledades de asiento roto en microbuses
al trote de un caballo

la ciudad se extiende como una peste
o un maldición
y los relojes se acercan a las 12 m
al viento muerto que respiro
como cáncer de monóxido.

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