La Armonía de H. Vida y poesía de Luis Hernández Camarero
Rafael Romero Tassara
Lima: 2008. Jaime Campodónico Editor 396.p.

Que la poesía es música es una verdad aceptada por muchos desde la antigüedad. Que no todos puedan escuchar esa melodía parece ser, en los días de convulsión y agitación cotidiana, una desafortunada nueva verdad . En una entrevista con Martha L. Canfield, el poeta peruano Jorge Eduardo Eielson afirmaba lo siguiente:

“La música está en el origen de todas las cosas, porque todo en el universo es ritmo, contrapunto, armonía, silencio. Tomemos solamente el ritmo. Él nos llega directamente al corazón, al estómago, a la inteligencia y al sexo, como una marejada de vibraciones que nos baña desde los orígenes y que llevamos en el fondo de nuestra conciencia como una suerte de paraíso, anterior al paraíso terrenal.”
(El diálogo infinito, 82)

Para Eielson, poeta de la generación del 50, la música nos rodea, y nos envuelve, y es parte intrínseca de nuestro cuerpo. Poco años antes que él, César Vallejo escribía en uno de sus poemas de Trilce el siguiente verso: “Este piano viaja para adentro”. Esa musicalidad que viaja del exterior al interior no termina su itinerario ahí. Nada más ingenuo que pensar que todo lo que entra por nuestros sentidos no es reinventado, asimilado y traducido en otro objeto. El lenguaje de las palabras es sin duda el más bello producto de la música que nos rodea. No es de extrañar, entonces que la relación entre la música y las palabras se establezca como una conexión líquida, como un río, que permite el fluir de las ondas, su reverberación que se transmuta en arco iris, o su apacible inercia en lago, mar o insondable silencio.

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Para Luis Hernández Camarero, poeta de la generación del sesenta, la música y la poesía serian componentes esenciales de su escritura. Esta es la propuesta del libro La Armonía de H. Vida y poesía de Luis Hernández Camarero, escrita por el periodista Rafael Romero Tassara. En su investigación, Romero reconstruye la vida del poeta, el contexto donde se desarrollará su escritura, recopila una nueva colección de textos, poemas y material inédito que componen (quizás el verbo que más se ajuste a la figura de Hernández) la armonía de su escritura.

El libro se divide en cinco partes donde se presenta tanto la biografía de Luis Hernández así como fotografías y documentos inéditos sobre el poeta. Estas partes son: Notas bajo el cielo: la vida, Placas de Luz: Iconografía (incluye un álbum fotográfico no visto, así como poesía inédita); Negros sobre Blancos: documentos (incluye críticas, entrevistas, cartas, libros, notas sobre su muerte, etc.); Habitaciones Iluminadas: Biblioteca (con una selecta bibliografía); y finalmente, una reproducción de “La Libreta Bayer” (imagen abajo), libreta donde escribiría algunos de sus últimos poemas.

Photo Jul 17, 5 01 14 PMEl libro es una de la biografías más exhaustivas sobre la vida de Luis Hernández, quien nació el 18 de diciembre de 1941 y que la década de los 30 se fuera vivir al distrito de Jesús María, un distrito que asomaría en las páginas de sus posteriores poemas. Perteneciente a una clase media alta, Hernández estudió en la Universidad Católica así como en la Universidad de San Marcos donde se recibió de médico. Dice Romero: “LH tuvo tantas facetas como sonidos hay en una orquesta. Son varios Luis Hernández: fue una persona del todo polifónica”. (28) Desafortunadamente, esa polifonía llegaría a su fin el 3 de octubre de 1977 en Argentina a donde se había ido para curar su adicción. Dos años antes, el 21 de noviembre de 1975, Hernández descubre que al interior de su bulbo duodenal tiene una úlcera crónica. Para mitigar el dolor, se inyectaba Sosegón, un opiáceo sintético parecido a la morfina a la cual se habría hecho adicto. Su rehabilitación en Argentina fue el último tratamiento que aceptaría el poeta antes de morir en un accidente y no en un suicidio como mucho se ha rumoreado.

Esa polifonía es la que lo llevó a interesarse tanto por la poesía, por la música, por la medicina entre otros. Hernández registra en su poesía los nuevos sonidos que componen la ciudad de Lima y la plasma en aquella su obra suya a la que llamaba “la calle”. Como un antropólogo, un científico para ser más exacto, Hernández caminaba por la Plaza San Martín a conversar con la gente, recolectar información sobre sus sensaciones en medio a de la urbe. Esa suerte de trabajo de campo lo enlazará con su interés sobre la música: “Si quieres realmente entender el universo, tienes que saber música” le dijo a su hermano el psicólogo Max Hernández a los quince años (55).

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La investigación de Romero nos acerca a la vida de un poeta querido por muchos pero desconocidos por la gran mayoría. El mito de Luis, Luchito, Lucho u otros tantos nombres como se le solía llamar es reescrito en este libro. Para Romero, reconstruir la vida del poeta no es únicamente escribir un homenaje a la figura del escritor sino entender y proponer “¿Cuáles fueron las virtudes de su arte y qué traza su legado?” (41) En este sentido, entender su interés por la música así como por las ciencias es comprender una propuesta poética de la que únicamente se conocen notas musicales aisladas y fragmentarias de una sinfonía mayor, aquella que se plasmaría incompletamente en su libro Vox Horrísona.

Romero nos descubre un Hernández desconocido para la mayoría de sus lectores y estudiosos. Por ejemplo, es interesante notar que para el poeta cualquier tipo de revolución tendría que ser cultural, es decir a través de las artes. Amigo del poeta Javier Heraud, Hernández no compartiría la posición de participación de una revolución social. Eventos como la Revolución Cubana, la muerte de Javier Heraud así como el gobierno militar de las Fuerzas Armadas en Perú, moldearon la actitud política de los jóvenes escritores de la década del sesenta y setenta. Ser parte de un cambio social o estar al margen de él eran opciones que afectaron y condicionaron la escritura de estas generaciones y por supuesto su posterior recepción en el canon literario peruano. Hernández se aparte de la institución literaria peruana para buscar un camino propio no solo de su escritura sino de la difusión de sus textos. En el Perú donde la precariedad económica y social son características inequívocas de la poesía nacional (por no decir de la literatura), Hernández se plantea la poesía como escritura musical que envuelve nuestra existencia. Desde joven habría leído la teoría de las armonías del mundo de Johannes Kepler, Alemania, siglo XV, una teoría sobre los sonidos del universo, del movimiento que producen los astros cuando giran y cuya noción se puede rastrear hasta el siglo VI AC en Grecia. Esta poética iría de la mano con el extensivo uso de colores así con una preocupación por la caligrafía como se puede apreciar en sus libros (se pueden revisar algunos de los manuscritos en la página web del poeta en la Universidad Católica del Perú).

Habría más que decir sobre La Armonía de H. Vida y poesía de Luis Hernández Camarero pero finalmente vale resaltar que es un valioso libro sobre poesía peruana, sobre el mundo de Luis Hernández y sus bellos acordes y su infinita armonía.

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Material presentado en el libro

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