Izquierda Unida de Alvaro Lasso

Lima: Celecanto Editores, 2015.

Publicado en http://letras.s5.com/cvil060915.html

Nacido en la República de Azerbaiyán en el año de 1982, Álvaro Lasso dejó a los pocos meses la capital Bakú para regresar a Lima donde, muchos años después se dedicaría a la literatura desde diferentes ángulos. Al inicio del 2001 publicaría junto con otros tres amigos poetas el libro conjunto Cieno, para luego dirigir el periódico de poesía Odumondneurtse! en el 2004. Este sería el primer paso en su carrera como editor y fundador del sello editoral Estruendomudo. Sin embargo, Lasso ha seguido publicando poesía independiente y silenciosamente al margen de sus otros trabajos. En el 2006, publicó Dos niñas de Egon Schiele y en el 2010 The Astrud Gilberto Álbum. Ambos libros están conformados por poemas en prosa, como los llama el propio autor, y es la línea que continúa desarrollando en su tercer poemario Izquierda Unida, libro que establece un diálogo con el fallecido partido de izquierda peruano y con el pensamiento de izquierda, siempre en clave irónica, como una excusa para reflexionar sobre su propia historia personal.

El poemario abre con una cita de César Vallejo, el padre de la poesía peruana moderna, donde el poeta enfatiza el autosacrificio comunal como primer paso dentro de una cura nacional y latinoamericana. Justamente, esta necesidad de unirse en solidaridad es la que permea todo el poemario pero desde diversas miradas. Una de ellas es la música, específicamente la salsa. El poema con el que abre el poemario expone claramente cómo la sensualidad de la música da paso al juego sexual de los adultos (los tíos) que celebran la casa que se está construyendo ante la mirada sorpresiva de los sobrinos que juegan debajo de la cama. En este espacio, donde suena el hit “Ven, devórame otra vez” (1987) de Lalo Rodríguez, el joven poeta se pregunta “¿Por qué levantan tanto polvo en esta casa sin terminar?”, verso donde se hace eco la clásica pregunta de Vallejo en Trilce “Quién hace tanta bulla y ni deja / Testar las islas que van quedando”. Esta casa sin terminar donde se hace mucha bulla, esta vez producto de la salsa, es el espacio nacional donde se hace el amor aun debajo de una casa inacabada.

Esta misma línea se sigue en el poema “Yamulemao” (1987), título que hace referencia a la canción del mismo nombre interpretada por el colombiano Joe Arroyo. El poema es una reflexión sobre el tema de la autoría, de la traducción y de la composición. El tema de Arroyo es una reinterpretación del tema “Diamoule Mawo”, originalmente cantada por el africano Laba Sosseh, originario de Gambia. En la historia original, Arroyo habría escuchado la canción y, sin entender lo que decía, “tradujo” las palabras a lo que más le sonaba creando un éxito instantáneo. En el poema de Lasso, El Doctor Barreto (metaforización del cantante de salsa) afirma “No somos más que traductores del chino, del alemán, del francés; recuperar el eco de las raíces tiene mucho sentido” (p. 32). Frente a ese discurso de apropiación, aunque sea de un eco, se contrapone el discurso del partido: “El partido no ha conocido ni un solo orgasmo en su vida, los miembros tienen un libro de tapa dura atorado en el culo, que los anula, y no sirve para ser solidarios”. De esta manera, se enfatiza la salsa como una liberación ideológica que el texto escrito (léase el manual del partido) taponea y no deja fluir. Mirando desde lejos, sería la misma poesía la capaz de destapar conceptos tan rígidos como la propiedad o la autoría. Las últimas líneas del poema aciertan con la pregunta que hace uno de los colegas admiradores del Doctor Barreto al salsero: “¿Entonces puedo decir que [la canción] es mía?” . La pregunta, que aparece con cierta ingenuidad, rompe finalmente con cualquier derecho de autor: la canción, al ser una traducción y una recuperación del canto oral primigenio, no tiene un dueño particular. Cualquiera podría ser el dueño. Ya que el poema no responde a esa pregunta, queda en manos del lector el problema de la autoría y también el de la recuperación de los orígenes.

taller_alvaro-felinch
Alvaro Lasso (Foto: Trujillo en Línea)

Por este motivo, el tema que subyace en todo el poemario es el rol del partido, así en minúsculas, como si éste fuera una maquinara kafkiana anónima y sin rostro. ¿Cuáles son sus principios? ¿Cómo se debe actuar dentro de él? ¿Cuál es su relación con la sociedad antes y el día de hoy? Lasso entiende que el partido ha moldeado la subjetividad de muchas generaciones: la de sus padres así como la de él, aquellos jóvenes que conocemos como generación del 2000 en adelante. El ejemplo más notable es el poema “A todos nos golpean alguna vez”, texto que hace referencia al atentado de la calle Tarata en el distrito de Miraflores en la ciudad capital. En el día de la explosión, “los niños de Surquillo corrieron hacia la luz”, solo para que “los policías nos prohibier[a]n entrar”, afirma el poeta. De ese trágico ataque a la sociedad limeña, Lasso sentencia al final de su poema: “Cuando volvimos, sentimos extrañamente que las desigualdades de nuestro país habían desaparecido y compramos velas para que nuestros padres no nos agarraran a correazos” (14). La violencia de la guerra infligida en la sociedad de la capital, que había vivido alejada de lo sucedía en otras zonas del país, marca un punto de quiebre que Lasso enfatiza como el momento de la igualdad en la violencia. Hasta el día de hoy, este tema sigue siendo un punto de reflexión y de inflexión sobre lo que ha significado el conflicto armado para buena parte de la población peruana.

Con esta misma lógica, Lasso trata de entender y desmantelar el pensamiento del partido. Así el poema “Alto Perú” menciona que “Hubo un tiempo en que el partido era un movimiento que creía en la violencia”. Esa violencia es anulada gracias al clima que derrite las armas, o las enfermedades que producen diarrea en los combatientes, o, finalmente, las madres, la autoridad familiar por excelencia, que molestas vienen a recoger a sus hijos para castigarlos.

Solo en el poema “Del campo a la ciudad”, consigna de la lucha armada redactada por Mao Tse-Tung y retomada por Sendero Luminoso en su guerra contra el Estado peruano, existe una recuperación de la ideología de la izquierda solidaria con su ciudadanía y con el país. Lasso reflexiona sobre el encuentro que tiene el poeta cuando niño con un líder de la izquierda en una fiesta patronal del Arcángel San Miguel en Cajamarca. En ella, se encuentra su abuelo, militante del partido de Izquierda Unida, y el líder político Alfonso Barrantes Lingán (1927-2000). El emotivo encuentro reúne al menos a tres generaciones de peruanos que se juntan y aprenden sobre el sentido último de cualquier ideología política. Alfonso se dirige al niño con las siguientes palabras: “No creas que creo en el partido, yo solo soy un hombre que hace su trabajo, como tu abuelito; nosotros ya perdimos la Guerra, este país ya no nos pertenece, solo nos queda abrazarnos, los paisanos” (31). La hermandad del lugar, la amistad más allá de la ideología anula la imposición de cualquier discurso violento o autoritario que la franja más radical de la izquierda propuso al país durante la década los ochentas. “Del campo a la ciudad” no es un poema sobre la consigna de la guerra sino una referencia a la migración de miles de peruanos de la provincia a la capital acaecida en buena parte del siglo XX, ya sea por razones económicas como violentas. “Desborde Popular” como le llamó el recordado antropólogo José Matos Mar, en este poema se articula la comunión en los tiempos desesperanzadores que vivió el Perú a finales del siglo XX.

¿Y dónde se encuentra el poeta en todo esta situación política? De la niñez a la adultez, el poeta muestra siempre reticencia cuando no incredulidad sobre lo que significa ser un militante. El poema “Izquierda Unida” es un buen ejemplo de este punto. El poeta es, ante todo, un editor de libros. Su trabajo no es el de escribir poesía sino el de la reproducción del material escrito para su posterior lectura –y se podría decir adoctrinamiento. Sin embargo, esto no es explícito en el poemario. ¿Qué es lo que se publica? ¿Qué es lo que se lee? En el Perú del siglo XXI, la empresa editorial ha crecido enormemente, especialmente la impresión de literatura nacional desde mitad del 2000 en adelante. Por este motivo, el escritor no se considera un artista: su trabajo es la impresión; su obsesión, la búsqueda del papel perfecto. Cuando el partido le pide que hable en televisión nacional sobre la editorial, el poeta cambia su actitud a una de enorme tristeza: “Quieren que hable mientras todos construyen el país”, afirma nostálgicamente como a quien le exigen una tarea titánica.

Finalmente, una verdad da tranquilidad y sosiego al poeta Lasso. “Ha pasado el tiempo necesario y el partido ha muerto”, nos dice en el último poema del libro llamado “Los chinos”. Ha llegado otro tiempo, la inclusión del mercado chino al sistema económico global. Su importancia escapa a esta breve reseña literaria (la economía peruana depende de la china, pero hablar de este tema sería sumergirse en el mundo del mercado libre y no tenemos espacio ni tiempo para eso). Sin embargo, con la llegada de los chinos al texto se remarca una verdad que emerge de la experiencia y que ancla la memoria así como la identidad del poeta: “Cuando era niño, las bombas caían todos los días, pero mi casa era indestructible”. La casa, ese país asolado por la violencia desde hace ya tantos siglos, no ha dejado de construirse, ya sea a través de los innumerables ladrillos de sus paredes y techos, a través de la música que une a los enamorados, o por la palabra poética que nos sigue dando esperanza como bien afirma Álvaro Lasso en este más que recomendable poemario.

Carlos Villacorta

Maine, 30 de agosto del 2015

Anuncios