Ríos de Ceniza de Félix Terrones

Lima: Textual Editores, 2005.312 p.

Publicado en http://letras.s5.com/cvill240715.html

“Una ciudad se hace un mundo cuando uno ama a uno de sus habitantes”, escribió el narrador Lawrence Durrell. Ese podría ser un buen resumen para entender la novela Ríos de Ceniza de mi buen amigo Félix Terrones (Lima, 1980). En breve, la novela trata de un joven peruano que decide dejar el Perú con la finalidad de continuar estudios de literatura en Bordeaux, Francia, y al mismo tiempo, poder convertirse en escritor.

En este sentido, uno de los primeros temas que resalta del libro es el tema de la inmigración peruana. La diáspora peruana tiene muchos rostros: por ejemplo, aquellos que movilizados por la violencia nacional (sea ya por la guerra y/o por la búsqueda de nuevas y mejores condiciones de vida) han llegado a Lima y, en varios casos, han dejado el país. Dentro de esa dinámica, no se hayan exceptuados los intelectuales y escritores, jóvenes y no tan jóvenes que han buscado, desde siempre, una manera de dedicarse completamente a los estudios literarios como a la escritura creativa, es decir , ala creación de poemarios, novelas, obras de teatro, películas, etc. Solo por nombrar algunos, podemos citar a Julio Ramón Ribeyro, Mario Vargas Llosa, poetas como César Vallejo, Javier Heraud, Carmen Ollé, Enrique Verástegui y en la actualidad Ricardo Sumalavia, Alfredo Pita, Y estos solo en Francia. No olvidemos que Europa contiene más países. Y que también un gran grupo de peruanos escritores radica en los Estados Unidos y en otras partes de América Latina. Félix, entonces, establece un diálogo con sus colegas tanto peruanos como latinoamericanos (el argentino Julio Cortázar y el chileno Roberto Bolaño por ejemplo) como escritores que debido a la violencia económica (así hay que llamarlo) emigran en busca de un espacio desde donde reflexionar sobre su condición de latinoamericanos que debaten sobre sus países así como de su propia literatura.

Por este motivo, el personaje de su novela aprende a bailar tango en Burdeos como una manera de ser parte de la nueva comunidad a la que ya cuestiona pero a la que va perteneciendo poco a poco. Pertenecer es encontrar en una nueva ciudad alguien con quien compartir la misma ciudad, es decir, recorrer de a dos el espacio urbano, escribir la ciudad desconocida. Eso lleva a su protagonista por diversos espacios: Lima, sin duda, es el punto de partida. Pero el trazado es mas amplio de lo que 310 páginas nos quisieran hacer creer. Ríos de Ceniza nos lleva por Cajamarca, histórica ciudad donde fue apresado Atahualpa; por Burdeos; por Tours donde viviera el poeta Paul Celan, también protagonista fantasmal de esta novela; por París, la ciudad prometida del amor; para finalizar en Lyon, en donde nació Antoine de Saint Exupéry, creador de ese maravilloso personaje que es El Principito, otro viajero estelar.

felix-terrones
Félix Terrones

Por eso, dice el narrador acerca de Cécile, la joven mujer atrapada en un terrible matrimonio: “Éramos dos desconocidos que anhelaban considerarse simpáticos, encontrar puntos en común, generarse un espacio de palabras que los reuniera.” Pues, el segundo tema de la novela es el encuentro amoroso entre el narrador y su futura pareja. ¿Quién llegará a ser? Cécile o la joven estudiante de literatura Sophie? Es la pregunta clave que tendrá que resolver el narrador pues, como él bien afirma: “Es increíble cuántas personas encierra dentro de sí un solo individuo, una sola mujer.”

El último tema, y no menos importante, es el tema de la escritura de la novela. Nuestro joven narrador no solo tendrá que encontrarse en una Francia desconocida sino auto-descubrirse como escritor. ¿Es posible escribir desde el exilio?, es el reto al que todo escritor debe enfrentarse. Por ese lado, Ríos de Ceniza se desviste de camisas de fuerza que suelen atrapar a todo novelista y se desnuda para mostrarnos los obstáculos de escribir, desde el exilio, un buen libro. Sé por experiencia propia que una novela no es el fruto de un día ni de una sola experiencia, es el arduo trabajo de semanas y meses, incluso años, en el que el verdadero obstáculo es uno mismo frente a la página en blanco. Pero así como el narrador aprenderá a bailar tango, a amar a Cécile y a Sophie, así también completará su primera novela.

Los invito a leer y navegar los ríos por los que Félix ha navegado, muchos de ellos incendiarios, pero que, sin duda, han llegado a buen puerto.

Carlos Villacorta

Miraflores, 20 de julio de 2015

Anuncios