Sagrado. Poesía Reunida 2004-2016.

Roger Santiváñez

Peisa, 2016.

En el año 1991, el poeta Roger Santiváñez (Piura, 1956) escribía en su memorable poemario Symbol este verso: “La Poesía es un texto contra el Mundo”. De esta manera, el poeta remarcaba el doble valor de la poesía: por un lado, un énfasis en ser ante todo una escritura, es decir, un artefacto artístico producido por el ser humano; por otro, un escudo frente a ese discurso caótico que es la realidad. La poesía, entonces, se alzaba como un edificio diseñado bellamente a través del arduo trabajo con el lenguaje. Este 2016, Santiváñez nos presenta Sagrado, una segunda antología que reúne su producción poética más reciente, o habría que decir, su virtuosa arquitectura del lenguaje.

Sagrado reúne los siguientes poemarios publicados desde el 2004: Eucaristía (2004, incluido también en su primera antología Dolores Morales de Santiváñez), Amastris (2007), Labranda (2008), Amarath (2010), Roberts Pool Crepúsculos (2011), Virtú (2013), Silva (2014), y fragmentos de Newport (2015). Así mismo, se incluyen trabajos anteriores como “Tres poemas para descifrar”, escritos a la manera de Lezama Lima en 1976, y el poema largo “Lauderdale” aparecido en la revista Hueso Húmero en 1999.

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Róger Santiváñez

Santiváñez empezó publicando sus primeros poemas desde muy joven en revistas como Auki y Escritura, para luego participar del grupo literario “La Sagrada Familia” (1977-1979) conformado por los poetas Edgar O’hara, Enrique Sánchez Hernani, Carlos López Degregori y Luis Rebaza, entre otros. A inicios de la década del ochenta, el poeta participó también del grupo Hora Zero hasta que en el año 1982 fundó el Movimiento Kloaka junto a la poeta Mariela Dreyfus, un movimiento que se lanzaría a la búsqueda de nuevos posibilidades del lenguaje conversacional.

Efectivamente, la poesía de Santiváñez se configura inicialmente como una que explora una vía poco transitada por el lenguaje conversacional iniciado en la década de los sesenta por poetas como Antonio Cisneros o Marco Martos y radicalizado en los setenta por Jorge Pimentel o Juan Ramírez Ruiz, fundadores de Hora Zero. En pleno apogeo del conversacionalismo peruano, Santiváñez inicia un recorrido iluminado por el lenguaje del poeta cubano José Lezama Lima. Esta influencia inicial, presente también en poetas como Enrique Verástegui, así como la de Ezra Pound, le permitieron sumergirse en el canto poético del lenguaje lumpen. El primer Santiváñez, aquel que va de 1975 a 1991, es un viajero que reformula el lenguaje callejero de los huariques, de los bares, de los espacios de la droga, de la Lima ochentera para transformarlo en poesía. De este proceso, aparece Symbol como un punto epifánico y de quiebre en su propia poética.

51SvXrRAEeL._SX318_BO1,204,203,200_Por este motivo, si bien su primera etapa es la de un hipercoloquialismo, en la siguiente Santiváñez abraza lo que algunos críticos han denominado neobarroco pero que podemos englobar dentro de un paradigma más amplio, el de “poesía del lenguaje”. En el caso peruano, este tipo de poesía se aleja del modelo conversacional y trabaja con las palabras enfatizando su materialidad ya sea sonora, gramatical o semántica, y no se preocupa, necesariamente, de imitar el lenguaje de la vida cotidiana. Esta poesía se puede rastrear desde los años setenta en el Perú con tres nombres imprescindibles: Mario Montalbetti, Carlos López Degregori y José Morales Saravia. Así mismo, la antología Medusario: muestra de Poesía Latinoamericana (1996) confirma estos nuevos caminos de la poesía del continente más allá de su variante coloquial.

rs_eucaristia250En este sentido, ¿qué es lo sagrado en esta nueva antología? La poesía de Santiváñez no solo se inscribe como un texto contra el mundo sino como un texto místico: el lenguaje y el oficio del poeta son experiencias de lo sagrado. De esta manera, se poetiza este descubrimiento “Poesía me encuentra tu luz” (Eucaristía); se viaja a la mítica ciudad de Amastris en Grecia que es el lugar del encuentro amoroso “En tu griego grito mediterráneo / Está el lugar en llamas de Utopía” (Amastris); se edifica un canto a las cuatro estaciones (Labranda), o se homenajea al barrio de Puerto Nuevo en el Callao (New Port). En cualquier caso, estamos siempre frente a la experiencia de lenguaje como una posibilidad estética más allá de lo conversacional o solo de lo experimental: “Qué susurran las altas copas qué / Dirán el esplendor de la mañana / Si pudiera transcribir el canto” (Sylva).

Con este énfasis en el lenguaje, Sagrado homenajea también a nuestros poetas más importantes como lo son César Vallejo, José María Eguren, Antonio Cisneros o Juan Ramírez Ruiz, escritores sumergidos en el solitario y religioso oficio de la poesía. En ellos, este sentido de lo sagrado no radica en prácticas religiosas como la católica o la judía sino que su mística radica en el arduo e infinito trabajo de moldear la palabra poética para fundar con ella los cimientos de un proyecto estético personal. Dentro de esa catedral que es Sagrado, construida a lo largo de más de dos décadas, resuena amplia y sonora la voz de Roger Santiváñez.

Texto originalmente aparecido en Diario Exitosa, 29 de Enero 2017.

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