18664664_10154576612316099_2206801275012436378_nHace 60 años, 10 antes de que se publicara “Cien años de soledad”, un joven Gabriel García Márquez había sobrevivido al largo invierno de 1957 en París donde, sin un centavo y viviendo de la ayuda de sus amigos, escribió buena parte, sino toda, su novela “El coronel no tiene quien le escriba”, libro basado en parte en la figura de su abuelo pero también en su experiencia europea (GGM afirma haber bebido agua del inodoro de su cuarto). Sumado a eso, también tendría que enfrentarse con la policía loca(l) que siempre lo confundía con argelino y, como no, lo querían deportar. Era la época de la lucha argelina por su independencia. En sus palabras, GGM recuerda ese evento:

“Una noche, a la salida de un cine, una patrulla de policías me atropelló en la calle, me escupieron la cara y me metieron a golpes dentro de una camioneta blindada. Estaba llena de argelinos taciturnos, recogidos a golpes y también escupidos en los cafetines del barrio. También ellos, como los agentes que nos habían arrestado, creyeron que yo era argelino. De modo que pasamos la noche juntos,embutidos como sardinas en una jaula
de la comisaría más cercana, mientras los policías, en mangas de camisa, hablaban de sus hijos y comían barras de pan ensopadas en vino. Los argelinos y yo, para amargarles la fiesta, estuvimos toda la noche en vela, cantando las canciones de [Georges] Brassens contra los desmanes y la imbecilidad de la fuerza pública.” (tomado de Gabriel García Márquez: A Life por Gerald Martin).

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