El 18 de junio de 1957, Gabriel García Márquez se embarcaría por un viaje que lo llevaría por los países más de la Cortina de Hierro: la RDA, Checoslovaquia, Polonia, la URSS y Hungría. En el libro “De Viaje por Europa del Este”, reedición hecha por Random House de un libro originalmente llamado “ De viaje por los países socialistas’, el viaje se presenta como uno continuo por todos estos países cuando, en realidad, Checoslovaquia y Hungría habían sido visitados dos años antes en 1955. Esto, sin embargo, no le quita ni verosimilitud ni dinamismo a una crónica periodística que sirve de testimonio de la época de posguerra.

Acompañado por Franco (Plinio Apuleyo Mendoza) y su hermana Jacqueline (Soledad Mendoza), y aún recuperándose del hambre y del duro invierno en París, García Márquez parte en un automóvil hacia el este en “una tardía mañana de primavera”. Con solo 30 años y con gran agudeza, el colombiano describe desde el lado humano lo que ocurría entonces en ciudades como la dividida Berlín, Praga, Kiev, Varsovia, Bucarest y, por supuesto, Moscú. Así, la situación en Berlín le parece de una tristeza terrible; mientras que por un lado la Berlín Occidental le parece una gran propaganda capitalista, en la Oriental ve a gente que considera terriblemente deprimida. De ahí esta declaración:

“Hay instantes de la sensibilidad que no se pueden reconstruir y explicar. Aquella gente estaba desayunando con las cosas que constituyen un almuerzo normal en el resto de Europa, y compradas a un precio más bajo. Pero era gente estragada, amargada, que consumía sin ningún entusiasmo una espléndida ración matinal de carne y huevos fritos” (17).

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A la izquierda, arrodillado, GGM en Moscú

Frase que, pocas páginas después, García Márquez empalma con una profecía sobre la futura situación en Berlín:

Se ha calculado que si estalla una guerra Berlín durará veinte minutos. Pero si no estalla, dentro de cincuenta, cien años, cuando uno de los dos sistemas haya prevalecido sobre el otro, los dos Berlines serán una sola ciudad. Una monstruosa feria comercial hecha con las muestras gratis de los dos sistemas.” (23).

Su viaje por Europa del Este remarca cierto surrealismo a veces más esperable de América Latina que del viejo continente. Es la época de la Guerra Fría donde el marxismo estalinista cubre como un gran pájaro negro a todos estos países. Así, en Polonia el gobierno ha retirado de circulación una unidad pequeña de la moneda nacional porque en el mercado negro se convertían en medallas de la Virgen y se vendían a un precio muy alto; al mismo tiempo, los polacos leen ávidamente a Jack London, y se vive lo que ellos mismos llaman “la experiencia polaca”: ser marxista y ser católico al mismo tiempo. En Hungría, los ciudadanos llaman traidor a János Kádár, el líder comunista que tuvo un papel protagónico en la invasión de la Unión Soviética a Hungría en 1956 (tema recurrente en el cine de Bela Tarr). En Moscú, García Márquez intenta averiguar la verdadera situación política de la Unión Soviética post-Stalin (este había muerto en 1953). Sin embargo, es poco lo que los soviéticos pueden decirle y son otros los hechos que dejan ver algo del rostro de la maquinaria estalinista:

“Los libros de Franz Kafka no se encuentran en la Unión Soviética. Se dice que es el apóstol de una metafísica perniciosa. Es posible, sin embargo, que hubiera sido el mejor biógrafo de Stalin”.

51a1cb538792fa5ca5dcbbca36aa1b44Quizás el pasaje más extraño sea la visita de García Márquez al mausoleo de la Plaza Roja donde yacen los cuerpos de Lenin y Stalin, uno junto al otro. Después de dos intentos fallidos, finalmente el escritor entra al mausoleo donde el cuerpo de Lenin “parece una figura de cera” y el de Stalin “está sumergido en un sueño sin remordimientos.”

60 años más tarde aparece la pregunta ¿cuánto ha cambiado Europa del Este, o Europa en general, desde aquella remota mañana fría de primavera cuando Gabo partía en un automóvil de segunda mano y atravesaba la llamada Cortina de Hierro que él describiera de la siguiente manera: “La cortina de hierro no es una cortina ni es de hierro. Es una barrera de palo pintada de rojo y blanco como los anuncios de las peluquerías”? En estos tiempos, revisitar la obra de García Márquez más allá de “Cien Años de Soledad” se hace aún muy necesario.

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