En uno de sus cuentos más memorables, Gabriel García Márquez narra la historia de un muerto que es varado en la orilla cerca de un pueblo en algún lugar remoto de Colombia. El hombre no tiene procedencia conocida, nadie sabe quién es ni de dónde viene: solo tiene una característica llamativa: es el ahogado más hermoso del mundo.

marquez-gabriel-adv-obit-slide-lp84-superjumbo.jpg
Gabriel García Márquez

En mis años colegiales y universitarios, recuerdo que me enseñaban este cuento como un ejemplo más del realismo mágico latinoamericano, una forma o técnica literaria más para contar “hechos maravillosos” nacidos de la imaginación del nobel colombiano García Márquez. No había podido releer este cuento desde esa época, posiblemente han pasado más de 20 años desde entonces, y reencontrarlo es un hallazgo placentero. No solo porque lo último que me viene a la cabeza es leerlo como ejemplo del realismo mágico, sino más bien leer la infinita solidaridad y amor que el cuento retrata en 8 páginas. Un pueblo adopta a un hombre muerto y lo hace parte de comunidad, no solo lo visten, le dan un nombre “Esteban”, y lo cuidan mientras averiguan quién es. En algún momento, las mujeres del pueblo “le taparon la cara con un pañuelo para que no le molestara la luz” y en ese momento “lo vieron tan muerto para siempre tan parecido a sus hombres, que se les abrieron las primeras grietas de lágrimas en el corazón”. La alegría es unánime cuando los hombres del pueblo regresan y hacen saber a la comunidad que Esteban no es de nadie: “¡Bendito sea Dios –suspiraron-: es nuestro!”

Antes de entregarlo al mar, el pueblo, acongojado, decide elegirle un padre y una madre, y hermanos y tíos. Esteban no está solo y no partirá al otro mundo como un huérfano. Ahora, tiene una familia: el pueblo de Esteban; y vivirá en la memoria del mismo pueblo porque ha decidido “que sus casas iban a tener las puertas más anchas, los techos más altos, los pisos más firmes, para que el recuerdo de Esteban pudiera andar por todas partes sin tropezar con los travesaños”.

En Puerto Berrío, un pueblo en la provincia de Antioquía, muy cerca del río Magdalena, los pobladores recogen los cadáveres que el río deposita en sus orillas, y así, se los llevan, y dan un sepulcro. Las familias adoptivas rezan por ellos y no los dejan morir bajo un genérico N.N. (del latín nomen nescio, literalmente : no conozco su nombre), sino que, en muchos casos, les dan un nombre. Todos estos muertos son consecuencia de la guerra de más de 30 años en Colombia. Pueblos como Puerto Berrío no son los únicos, son miles los que han perdido algún familiar en tantas décadas de violencia que el proceso de paz busca poner fin el día de hoy.

_92448885_img_9011
Algunas tumbas con nombre y otras sin nombre en el cementerio de Puerto Berrío. (Foto: Natalio Cosoy / BBC MUNDO)

En el podcast “N.N. (ningún nombre)” de Radio Ambulante,, la periodista Nadja Drost viaja hasta este lugar y conversa con los pobladores para entender mejor este lazo de solidaridad entre vivos y muertos que parece sacado de un cuento de García Márquez:

“Le pregunto a Ramón [el sepulturero del pueblo] qué sentido tiene rezar por un desconocido.

Ramón: Se cree, según dicen, que estas personas que no conocen, ni que están… están más desprotegidas, ¿si?…que inclusive están desprotegidas que no se conocen ni el nombre, son los que más fácil hacen los favores. Es la creencia…¿si?”

Por el río Magdalena, viajó muchos siglos ya Simón Bolívar en sus últimos años mientras buscaba dejar Colombia para exiliarse en Europa. Esta historia la recrea García Márquez en “El general en su laberinto”, novela que es un viaje por la memoria de un hombre moribundo. A puerto Berrío no llegan moribundos, sino los muertos que ya no pueden contar su historia, esta es contada por los pescadores, los hombres y mujeres del pueblo que los escogen y adoptan como parte de su propias familias. Como sucedió con Esteban en “El ahogado más hermoso del mundo”.

¿ Y por qué era hermoso este ahogado? ¿Por su descomunal tamaño? ¿Por el color de su piel, o de su cabello o de su ojos? No. La respuesta es más simple: porque ahora pertenece a la comunidad. Porque es nuestro.

Anuncios