Trabajando al servicio del rey de España Felipe II y Felipe IV, el cartógrafo portugués Pedro Teixeira Albernaz fue el primero que navegó el río Amazonas empezando en su desembocadura en Brasil y en dirección contraria hasta llegar a la ciudad de Quito (Ecuador). Este viaje iniciado el 28 de octubre de 1637 fue integrada por 1200 indios, 70 soldados portugueses, 47 canoas y tuvo como propósito mapear toda la región amazónica. No es esta la primera expedición que se lanzaría a la conquista de la selva: desde la conquista española, la Amazonía se convirtió en un tierra mítica donde los conquistadores pensaba que se encontraba la ciudad de El Dorado. Entre las expediciones más conocidas se encuentran la de Gonzalo Pizarro, la de Francisco Orellana (descubridor del río Amazonas y quien le dio el nombre de “Río de Orellana”), así como la expedición de Pedro de Ursúa, donde viajaría el infame Lope de Aguirre. 500 años más tarde, la investigadora Ana Pizarro navega por estas mismas aguas con otra finalidad: “Estudiar los discursos de esta región es entrar en las tensiones originarias de la cultura del continente. Tierra de promisión, espacio de renovadas utopías, la Amazonía abriga la diversidad, la multiplicidad cultural, el espacio de lo inacabado, de la dislocación.” (239)

Dividido en 6 capítulos, Pizarro se adentra en la región amazónica que incluye a 8 países sudamericanos: Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Guyana, Surinam, Venezuela, y Brasil. Así, Pizarro analiza los distintos discursos impuestos a esta zona sudamericana donde se estima que 3 millones de indígenas vivían al tiempo de la conquista española. Estos discursos se superponen y viajan en el tiempo. De esta manera, Pizarro analiza los otros viajes como los del soldado británico Walter Raleigh, quien usa el viejo término de “iwaipanomas” o “hombres sin cabeza” para referirse a algunas tribus que vivirían en la zona de Guyana que él intentó conquistar en 1595. Estos hombres “tienen los ojos en los hombros, y la boca en la mitad del pecho y que una gran cola les crece hacia atrás entre los hombros” (59). Así también Pizarro examina el proceso de modernización y destrucción que trajeron los barones del caucho en el siglo XIX, proceso que, al mismo tiempo, implica los problemas fronterizos entre los países de Perú, Colombia, Bolivia y Brasil (Hay dos películas que retratan lo terrible de este proceso: “Fitzcarraldo” del alemán Werner Herzog y “El abrazo de la serpiente” del colombiano Ciro Guerra). Finalmente, Pizarro aborda el problema del narcotráfico, que puede ser entendido a la luz de estos procesos de industrialización y mercantilización de la selva amazónica, así como de modalidades modernas de la misma colonización que empezó con la conquista española.

Ana Pizarro. Amazonía. El río tiene voces.

FCE, 2009.

 

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